Septiembre es cuando empieza. Las mariposas han volado en verano, han puesto los huevos en las acículas de los pinos y las orugas están naciendo ahora mismo. Van a pasar el otoño y el invierno comiendo y creciendo dentro de sus bolsones de seda, y entre febrero y abril bajarán al suelo en fila india para enterrarse.

Ese descenso es el momento de máximo riesgo para un perro, pero no es el único: una oruga caída de una rama en noviembre o un bolsón derribado por el viento son igual de peligrosos.

Lo que más nos ha llamado la atención preparando este artículo es un dato concreto. Un estudio sobre 109 perros publicado en la revista Toxicon midió el tiempo entre el contacto y el primer lavado de boca, y el resultado es contundente: los perros que tardaron más de seis horas tuvieron 14,63 veces más riesgo de presentar necrosis de lengua al ingreso. No es una recomendación genérica de "ve al veterinario": es un reloj.

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Qué es exactamente y por qué hace tanto daño

La procesionaria del pino, Thaumetopoea pityocampa, es una polilla cuyo daño no lo causa el adulto, sino la oruga. A partir del tercer estadio larvario, cada oruga desarrolla cientos de miles de pelos urticantes microscópicos, llamados setas o tricomas, con forma de arpón.

Esos pelos no son un simple irritante mecánico. Contienen una proteína urticante identificada y bautizada en 1986 en un trabajo publicado en Toxicon: la taumatopeína (thaumetopoein), una proteína de 28.000 de peso molecular formada por dos subunidades, "presente en grandes cantidades en las glándulas que producen los pelos urticantes".

El mecanismo es el siguiente. Los pelos se desprenden con extrema facilidad: basta que la oruga se sienta amenazada, o que el viento pase por el bolsón. Se clavan en la piel, en las mucosas o en la córnea, se rompen y liberan la proteína, que desencadena una reacción inflamatoria y alérgica intensa. Y como tienen forma de arpón, cuanto más se frota la zona, más profundo penetran.

Por eso el perro es especialmente vulnerable: investiga con el hocico, huele a ras de suelo y, sobre todo, lame. La lengua es el tejido que más contacto directo y prolongado recibe.

No hace falta tocar la oruga. Los pelos quedan en el suelo, en la hierba y en el aire alrededor de un pino infestado. Un perro que se tumba bajo un pino con bolsones puede acabar con una reacción sin haber visto una oruga.

  • La responsable es la oruga, no la mariposa
  • El daño lo produce la taumatopeína, una proteína urticante identificada en 1986
  • Los pelos tienen forma de arpón: frotar los clava más
  • No hace falta contacto directo: los pelos quedan en el suelo y en el aire
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El calendario: cuándo hay riesgo de verdad

El ciclo lo describe con precisión un trabajo de J.A. Hódar, del Departamento de Ecología de la Universidad de Granada, publicado por el Ministerio para la Transición Ecológica dentro de sus informes sobre impactos del cambio climático:

"La polilla de la procesionaria emerge en verano y apenas vive uno o dos días como mariposa." La hembra "hace su puesta en las acículas de un pino y 7 y 8 días después nacen las orugas generalmente en los meses de agosto y septiembre". Las larvas "permanecen agrupadas cuando reposan o cuando se alimentan y al llegar el invierno construyen sus llamativos nidos de seda blanca que les permiten superar los fríos invernales". Y entre febrero y abril "descienden del árbol forman las conocidas procesiones y se entierran finalmente en el suelo donde pasan a la fase de crisálida".

Traducido a meses de riesgo para un perro:

Agosto y septiembre: nacen las orugas. Riesgo bajo, están en la copa y son diminutas.

Octubre a enero: las orugas comen y crecen dentro de los bolsones. Riesgo moderado, concentrado en orugas y bolsones caídos por viento o poda.

Febrero a abril: la procesión. Riesgo máximo. Las orugas están en el suelo, en fila, a la altura del hocico de un perro.

Mayo a julio: riesgo residual. Pero los pelos urticantes de un bolsón viejo caído siguen siendo activos mucho tiempo después.

Un matiz del mismo trabajo que conviene conocer: el clima está moviendo estas fechas. Hódar señala que las temperaturas al alza han propiciado "un incremento de la extensión e intensidad de sus erupciones poblacionales", con "su aparición en zonas donde su presencia anterior era inexistente o nula". Y añade un dato revelador sobre la altitud: el parasitismo natural de los huevos, que es el freno biológico de la plaga, "puede variar desde un 80% de huevos parasitados en cotas bajas hasta casi cero por encima de los 1800 m de altitud".

Es decir: el calendario clásico ya no vale igual en todas partes, y en cotas altas la plaga tiene menos freno natural. En un invierno suave, la procesión puede adelantarse a enero.

  • Agosto-septiembre: nacen las orugas. Riesgo bajo
  • Octubre-enero: crecen en el bolsón. Riesgo moderado, por caídas
  • Febrero-abril: la procesión por el suelo. Riesgo máximo
  • Un invierno suave adelanta la procesión; en cota alta hay menos control natural

Si el invierno viene templado, no esperes a febrero para extremar la vigilancia. La procesión puede empezar en enero.

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El dato que cambia el pronóstico: seis horas

El trabajo de referencia es Pouzot-Nevoret C. et al. (2017), "Pine processionary caterpillar Thaumetopoea pityocampa envenomation in 109 dogs: A retrospective study", publicado en Toxicon, vol. 132, pp. 1-5. Es un estudio retrospectivo sobre 109 perros atendidos entre 2000 y 2016. Estos son sus resultados, tal como los publica el propio abstract:

Lesiones en la lengua, desde edema hasta necrosis grave, en 94 de 109 perros, es decir, el 86%.

Signos sistémicos en 60 de 109 perros (55%): vómitos en el 48%, disnea en el 5%, hipovolemia en el 4% y diarrea en el 2%.

Y aquí viene lo importante. Los autores agruparon a los perros según el tiempo transcurrido entre el contacto y el primer lavado oral: menos de 2 horas, entre 2 y 6 horas, y más de 6 horas.

La necrosis de lengua al ingreso fue del 45% en el grupo de más de seis horas, frente al 5% en los otros dos grupos. Y durante la hospitalización, el 65% del grupo tardío desarrolló necrosis, frente al 21% y el 31% de los otros.

La conclusión de los autores, literal: "Los perros del grupo 3 presentaron un riesgo 14,63 veces mayor de necrosis lingual al ingreso y un riesgo 3,78 veces mayor de desarrollar necrosis durante la hospitalización, comparados con los otros grupos". Y añaden: "El tiempo transcurrido entre el contacto y el primer lavado oral parece ser un determinante clave para la progresión de las lesiones necróticas, y los mejores resultados se observaron cuando el lavado se produjo dentro de las 6 horas siguientes al contacto".

Hay también una buena noticia en el estudio, y conviene darla: la supervivencia fue del 97%. Los autores describen el pronóstico como "excelente, con una hospitalización de corta duración". De los perros con seguimiento a largo plazo, el 37% quedó con una necrosis lingual permanente "sin consecuencias importantes sobre la calidad de vida".

La lectura práctica es sencilla y poco intuitiva: el perro casi seguro va a sobrevivir; lo que te juegas es su lengua. Y eso se juega en las primeras horas.

  • 86% de los perros presentó lesiones en la lengua
  • 55% tuvo signos sistémicos; el vómito fue el más frecuente (48%)
  • Más de 6 horas hasta el lavado: 14,63 veces más riesgo de necrosis lingual al ingreso
  • Supervivencia del 97%. Lo que está en juego es el tejido, no la vida

Fuente: Pouzot-Nevoret et al., Toxicon 132 (2017), 1-5. DOI 10.1016/j.toxicon.2017.03.014. Verificado en PubMed el 23 de septiembre de 2026.

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Qué hacer en los primeros minutos, y qué no hacer nunca

La pauta más clara publicada por fuente veterinaria oficial en España es la de la campaña conjunta del Gobierno de la Región de Murcia y el Colegio de Veterinarios, difundida también por el Consejo General de Colegios Veterinarios. Dice, literalmente:

"Mientras se llega, se recomienda dejar caer agua templada sobre la zona afectada (boca/hocico), sin frotar ni manipular, para ayudar a arrastrar los tricomas y reducir el efecto de la toxina; frotar puede empeorar la reacción y liberar más sustancia irritante."

Y sobre la urgencia: "Si existe la posibilidad de ingestión, el riesgo de muerte puede presentarse en pocas horas, por lo que se considera una urgencia veterinaria. Por ello, el mensaje es claro: ante la mínima sospecha, acudir de inmediato al centro veterinario más cercano."

Esto zanja una duda que circula mucho: sí hay que usar agua. La recomendación oficial es agua templada, dejándola caer, sin frotar. Y coincide con lo que midió el estudio de Toxicon: el lavado precoz es el factor protector.

Lo que NO hay que hacer:

No frotar. Ni la boca, ni el hocico, ni los ojos, ni la piel. Cada frotamiento rompe más pelos y los clava más hondo.

No meter los dedos desnudos en la boca del perro. Los pelos te van a afectar a ti igual: guantes, y si no hay, un trapo.

No usar agua a presión ni una manguera. Dejar caer, no lanzar.

No darle nada por la boca ni intentar medicarlo por tu cuenta.

No esperar a ver si mejora. Ese es exactamente el error que el estudio cuantifica.

Las señales de alarma que describe la campaña: inflamación del hocico, salivación excesiva, rascado compulsivo, edema de lengua, cianosis (lengua azulada), fiebre, dificultad respiratoria, conjuntivitis, úlceras corneales y lesiones en la lengua que pueden evolucionar a necrosis.

Si estás de viaje y no sabes dónde ir, tenemos urgencias veterinarias 24 horas y el botiquín de viaje del perro.

  • Agua templada dejándola caer sobre la zona, sin frotar ni manipular
  • Guantes o un trapo: los pelos también te afectan a ti
  • Al veterinario de inmediato, no "a ver si mejora"
  • Señales: hocico hinchado, babeo, lengua azulada, rascado compulsivo, dificultad respiratoria

Guarda el número de una urgencia veterinaria 24 h en el móvil antes de ir al pinar. Es exactamente el escenario en que no vas a tener tiempo de buscarlo.

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Dónde hay más: lo que dice el inventario forestal

El Ministerio para la Transición Ecológica publica el Inventario de Daños Forestales, dentro de la red europea de seguimiento de daños en los bosques. En su edición de referencia 2016, la procesionaria aparece como el agente biótico más detectado, con un incremento superior al 200% respecto a 2014.

Las zonas que el inventario señala con daños relevantes:

Cataluña, la más afectada según ese informe, con unas 100.000 hectáreas con procesionaria, en torno al 15% de sus pinares, y bolsones en muchos puntos del Pirineo.

Aragón, con daños graves en pino carrasco, pino laricio y pino silvestre en Zaragoza, Huesca y Teruel.

Andalucía, con defoliaciones graves en Sierra Nevada y daños en Granada, Córdoba y Jaén.

Comunidad Valenciana, con defoliaciones graves sobre pino laricio y daños en pino carrasco en Castellón y Valencia.

Región de Murcia, con daños graves en pino laricio y daños moderados y graves en pino carrasco.

Y presencia también en Baleares, La Rioja, País Vasco, Asturias, Extremadura, Madrid y Galicia.

Las especies de pino más afectadas son Pinus nigra, Pinus halepensis, Pinus sylvestris, Pinus pinaster y Pinus pinea. Es decir: pino laricio, carrasco, silvestre, resinero y piñonero. Prácticamente cualquier pinar español.

No hemos localizado un mapa nacional único de distribución específico de la plaga; sí existen mapas autonómicos, como el de afectación que publica el servicio de sanidad forestal de las Illes Balears.

Y una regla de campo que vale más que cualquier mapa: si ves un bolsón blanco de seda en la copa de un pino, ahí hay riesgo. Aunque sea del invierno pasado.

  • Cataluña: unas 100.000 ha con procesionaria, ~15% de sus pinares
  • Aragón, Andalucía, C. Valenciana y Murcia, con daños graves documentados
  • Afecta a pino laricio, carrasco, silvestre, resinero y piñonero
  • No hay un mapa nacional único; sí hay mapas autonómicos
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Prevención: lo que hacen las administraciones y lo que puedes hacer tú

La Comunidad de Madrid publica el calendario de tratamientos, que sirve como referencia general de cómo se combate la plaga:

Bioinsecticidas (Bacillus thuringiensis): "finales del verano o principios del otoño", cuando las orugas son pequeñas.

Trampas de feromonas: "durante el periodo de vuelo de las mariposas que se produce en verano (junio/agosto)".

Endoterapia (inyección al tronco): "a finales del verano, antes de que los huevos de procesionaria eclosionen".

Collares o bandas trampa en el tronco, que interceptan las orugas cuando bajan: "de enero a mayo".

Castilla-La Mancha añade un matiz interesante en su plan de lucha integrada: cuando el nivel de infestación es alto, la estrategia puede ser la no intervención, "para no perturbar el complejo parasitario-depredador". Y recuerda que "los tratamientos aéreos, considerados masivos y no selectivos, se encuentran prohibidos con carácter general".

¿Están obligados a tratar? Aquí hay una idea equivocada muy extendida. Hemos revisado el Real Decreto 1311/2012 de uso sostenible de productos fitosanitarios y no menciona la procesionaria ni impone una obligación general de tratarla. Lo que sí existe es la Ley 43/2002 de Sanidad Vegetal, que permite a la Administración declarar la existencia de una plaga y, en ese caso, imponer medidas fitosanitarias obligatorias a los titulares de los terrenos. Es decir: el mecanismo legal existe, pero no se activa solo. Un ayuntamiento no está obligado por defecto a tratar sus pinos.

Lo que sí puedes hacer tú:

Mirar hacia arriba. Buscar bolsones blancos antes de soltar al perro.

Correa corta en pinares entre enero y abril. No es exceso de celo.

Evitar que el perro hociquee en la base de los pinos, que es donde se entierran.

No retirar nunca un nido por tu cuenta. La recomendación oficial de la campaña murciana es explícita en ese punto.

Avisar al ayuntamiento si ves bolsones en una zona de paseo urbana. Muchos municipios tratan cuando se les avisa.

  • Bacillus thuringiensis a final de verano; endoterapia antes de la eclosión
  • Collares trampa en el tronco de enero a mayo
  • No existe una obligación general y automática de tratar: hay que declarar la plaga
  • Correa corta en pinares de enero a abril
  • Nunca retires un nido por tu cuenta
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